Domingo 7 de Marzo a Sábado 13A que echabais de menos las aventuras de este desquiciado, ¿eh? Bueno, pues allá van, que esta semana y pico me ha pasado de tó, o casi. De hecho, esta pinta de Grimbergen va a hacerlo todo más ameno

Empezamos con un domingo tranquilito, pasando la resaca como se puede y no moviéndome de mi cuarto más que para ir al otro: al de baño.

Intenté avanzar algo el informe, pero fue bastante penoso, ya que apenas hice un diagrama de casos de uso mierdoso, que luego cambiaría ochenta veces, en el informe preliminar para mis "bosses", y encima con el plugin de Netbeans 6.7, que da pena.
El lunes fue, cuanto menos, más emocionante.
Yo estaba tan tranquilo disfrutando del mega ancho de banda que me ofrece el Loria y trabajando a un tiempo (añadiendo pequeñas funcionalidades, restricciones, etc...; más una cosa de iconos que pensaba sería más chunga y que finalmente me ventilé por la mañana), cuando, "en derrepente" y sin previo aviso, (creo que fue después de comer) apareció un hombre que buscaba una IP... La mía...
Se me quedó un mal cuerpo considerable, aunque seguí trabajando. No obstante, la paranoia empezó a apoderarse de mí, y el nudo en el estómago siguió presente todo el día y parte del siguiente.
Sin embargo, ya que por la tarde tenía cita con el club de cocina de la ESN, que esta semana tocaba japonés, se me pasó por un buen rato el disgusto. Todos ayudamos a cocinar, salvo los italianos y los españoles, que se rascaban bastante la barriga en general. Comimos croquetas de patata con jamón y cebolla, temaki sushi con salmón y verduras, con salsa de soja, wasabi y tal; y de postre helado con mermelada de alubias pintas japonesa (una delicia, por cierto). Fotos en Facebook.
El martes seguía esperando represalias, pero no pasó nada, salvo que me ventilé todo el tratamiento de errores de mi programa en un día

En karate mis compañeros hacían lo que les daba la gana, lo cual está bien, por el realismo y tal, pero me descolocaba, después de tres años haciendo en ninjutsu lo que nos mandan como 10 veces y ya. En esta clase de karate lo que pasa es que cada día hacemos menos cosas y más veces, lo cual induce al aburrimiento y a la improvisación, así que no podían evitarlo.
El miércoles.... ¡Ah, sí! Quedé con un escocés, Paul, amigo de una polaca (que por cierto estuvo en la fiesta de Gwendo) de las que fueron al viaje a Toulouse, que quería practicar el español y el francés, así que quedamos en un pub y me llevé a Iñaki, que no tenía nada mejor que hacer. Era un tío muy majo, aunque su español era de Málaga, así que ya de entrada muy bueno no era, que digamos...
El jueves recibí un mail del admin de recursos informáticos del Loria, que resulta que era el que me hizo la visita el lunes, que quería verme el lunes (hoy) por la tarde para hablar del asunto este. Y menos mal que dijo el lunes, porque me hubiera jodido el viaje a Bretaña. La salida para ese viaje, por cierto, estaba prevista para esa noche a las 23:30, así que quedé con Iñaki para ir primero a un pub y de allí al bus, porque no me veía con cuerpo para ir a taekwondo.
Chopocientos españoles iban al viaje (más los italianos), así que no hubo calma hasta las 2 de la mañana. ¡Qué pesaos, la leche!
Viernes, primera parada: Monte Saint Michel. Ya de lejos se le ve, ya que está él solito en medio de una vasta zona que se ve inundada dos veces al día por las mareas, lo que crea arenas movedizas, en vez de arena.
Cuando llegamos aún no había guía, así que teníamos una media horita para darnos una vueltecica por la entrada, tomarnos un café o lo que fuera y volver. Yo entré con un grupillo, pero viendo que se metían a una cafetería, me separé de ellos y empecé a vagar por mi cuenta, no sin antes sacarle una foto a la pedazo de chimenea que tenían en la cafetería. Me subí a un muro cercano a la entrada para asomarme y allí me encontré con la que sería mi compañia favorita durante el resto del viaje y espero que durante mucho más: un grupo de 4 "chicas".
Eran Eileen, de Canadá; Yuko, de EEUU (aunque con padres chino y japonés, así que ya controla 3 idiomas); Virginia, de México y Silvana, de Colombia. Eileen es bastante más mayor, de hecho tiene hijos en el colegio ya, así que... Aún así es la más hiperactiva de todos.

Nos sacamos un par de foticos depués de reconocernos como co-viajeros y congeniamos bastante rápido.
Bajamos con el resto del grupo ya que se acercaba la hora de la visita guiada, que fue de hecho por fuera, rodeando la fortaleza. El guía era muy majo, muy culto y un cachondo, así que la visita estuvo bastante entretenida. Jugamos un rato con las arenas movedizas, que sólo había que pisotear repetidamente unas cuantas veces para que se volvieran pegajosas y empezasen a ser profundas. Acabamos todos con los zapatos...
Acabada la primera fase de la visita (como a las 10h), había una segunda, adentrándose más en el territorio de las arenas movedizas, pero había que llevar buenas botas impermeables o ir descalzo, y no había ganas de ver más de lo mismo.
Así que me fui con éstas y visitamos libremente el monte, que, por cierto, se había empezado a llenar de grupos y grupos y grupos de japoneses, que no pararon de llegar en todo el día. No exagero: impresionante. Teníamos hasta las 14h, que había visita con guía de la abadía, que nos salía gratis, por cierto. Bueno, que no se me olvide mencionarlo: fotos en Facebook

Había tiendas por todas partes, con galletas y demás cosas turísticas. Había unas camisetas y unas postales muy graciosas respecto al clima de Bretaña y tal, que se supone que es muy lluvioso, aunque a nosotros no nos llovió casi nada. En algunas tiendas había bandejas con muestras de galletas, así que nos pusimos moraos; los cinco. Volvimos un par de veces

El monte tenía unas vistas cojonudas y a ratos hasta salió el sol. Eso sí: estaba la comida carísima, y saboreé al máximo los 5€ de mi panini de pollo que apenas tenía unas migajas del susodicho animal. Durante todo este tiempo me dió hasta para practicar un poco de japonés con Yuko.

La abadía era muy bonita y a ratos impresionante. Para mí lo más destacable fueron el montacargas mecánico que tenían montado los curas en un muro de la abadía, y la rueda humana que tenían para subir y bajar la carga; en plan rueda de hámster, pero gigante

Seguimos con japoneses por todas partes, como ovejitas: todos siguiendo al guía y haciendo las mismas fotos decenas de veces.
Cuando nos cansamos de visitar el monte, a eso de las 16h, y aunque se suponía que teníamos hasta las 18h, que era cuando nos íbamos para el albergue, nos fuimos al bus, ya que no teníamos más ganas de nada. Buena elección, porque al cabo de un rato empezó a llover

Ya en el bus me contó Eileen que habían concluido que tengo "un alma vieja", y de ahí mi carácter tranquilo, paciente y observador... Pues vale...

Además, me hablaron de un viaje que iban a hacer el fin de semana siguiente a una ciudad europea que os dejaré adivinar; y me preguntaron si quería unirme. Me lo pensaría el resto de la excursión.
Llegamos al albergue, en Saint-Malo (sí, amí también me hizo gracia

) y me tocó otra vez con Cristopher, el alemán cachas. Aunque lo prefiero, porque es un buen compi de cuarto: tranquilo, más o menos puntual, y no ronca

(Lo mismo opina él de mí

)
Cenamos en el albergue una especie de torta hecha con trigo negro con pinta de crepe pero rellena de jamón y queso, seguida de crepes de verdad

Todo muy bueno.
Después, me fui a dar un paseo por la playa, que estaba a cinco minutos, y, aunque había quedado con Eileen y Yuko, no las encontré, así que fui a mi bola igualmente. Una hora de paseo después, volví al albergue y me quedé en la habitación de las chicas hablando un poco de todo hasta que se quedaron fritas todas menos una y me fui a mi cuarto, donde Cristopher ya dormía plácidamente (hay que joderse, prácticamente lo único que hace este tío es comer y dormir, por lo menos en los viajes). Todo este tiempo los españoles, italianos y algunos más hicieron fiesta furtivamente en el albergue (ya que estaba totalmente prohibido el alcohol en las habitaciones y hacer ruido a partir de las 22h o así), y yo creo que hasta ya entrada la madrugada. Por ello, al día siguiente, no tendrían muy buena cara la mayoría.
Bueno, termino la excursión mañana, que se me está haciendo larguíííísimo.